Julio Castillo | Odebrecht: La V Internacional

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Julio Castillo Sagarzazu

El internacionalismo está en el ADN de la izquierda marxista mundial, desde siempre. La elocuente frase “los obreros no tienen patria” revela que para el viejo Marx, trascender las fronteras era un tema inherente a la condición de comunista.

Esa fue la razón por la que él mismo, siendo un filósofo, medio sinvergüenzón y medio vividor de sus amigos, se haya empeñado con tanto ahínco en la construcción de la Asociación Internacional de Trabajadores, a la que la posterior literatura leninista, llamo la I Internacional.

Fue de esa manera como, fieles también a su innata tendencia a dividirse y subdividirse, fueron desfilando por el escenario de la historia, varias agrupaciones internacionales, cuyo objetivo era dar una dirección centralizada a las luchas de todos los partidos que la integraban.

Así fue como a la I, sucedió la II Internacional en la que convivieron socialdemócratas y comunistas, hasta que estos últimos la rompieron para fundar la III Internacional con el argumento de que los socialistas habían traicionado el movimiento obrero votando los créditos de guerra en sus respectivos parlamentos. Esta última nace y es transformada por Stalin en una especie de ministerio de colonias y satélites de la URSS, hasta que León Trotsky funda la IV Internacional denunciando el nacimiento de la burocracia soviética y los crímenes del propio Stalin cuya lista de víctimas engrosó cuando un agente de la GPU hundió un piolet de alpinista en su cabeza, mientras vivía en el exilio en México.

Hasta hace algunos años, el internacionalismo proletario como lo llamaron en su momento, era una de las joyas de la corona de la ideología revolucionaria. Versiones hubo muchas, de todas la latitudes y de todas las orientaciones. A decir verdad, cada líder nacional de trascendencia y con ganas de convertirse en líder internacional de la izquierda, montaba su parapeto internacional.

Hasta hace algunos años, incluso cuando Castro montó la Tricontinental en La Habana, había cierto grado de vergüenza política y se revestía la organización revolucionaria con los más floridos trajes de la lucha de los pueblos contra el colonialismo, la opresión y los latiguillos de rigor.

De una época a esta parte todo cambió y el epicentro de ese cambio fue la América Latina. Fidel Castro cansado de tanto experimento guerrillero, de insurgencia civil, Bogotazos y tanto palo de ciego, se percató que en Colombia, un grupo guerrillero, las FARC, habían logrado el notable “éxito” de conjugar la lucha “revolucionaria” con el dinero mal habido.

El tráfico de drogas,  se revelaba ante los ojos de esa dirección política, como una actividad de enorme utilidad financiera y política.

Ese hallazgo coincide con el convencimiento de que la vía insurreccional y violenta había sido derrotada política y militarmente por las nacientes democracias latinoamericanas, a la cabeza de las cuales estaba la venezolana. Se impuso entonces la tesis del repliegue de la lucha armada y el regreso a las vías democráticas para la toma del poder. Así nace el Foro de Sao Paulo.

El cambio de táctica no pudo ser más afortunado, cabalgando las importantes diferencias sociales en América Latina, el desgaste de los liderazgos democráticos y contando con el discurso populista como herramienta de trabajo, en pocos años, la mayor parte de países de Latinoamérica, cae bajo la égida de organizaciones y liderazgos en los que Castro tiene gran influencia moral y política.

Ahora bien, el poder es como el tiburón, tiene que moverse siempre hacia adelante para poder respirar y es por eso cuando, luego de la formación de UNASUR y de la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, se pone en marcha un mecanismo de expansión de la influencia política de este liderazgo en todo el continente, apalancado, no en la máxima de Mao Tse Tung, de acuerdo con la cual “el poder nace de la boca del fusil”, sino que se comienza a armar un entramado financiero y económico, cuyo principal objeto es la compra de voluntades en todos los países del continente. Es decir, una nueva vía para la conquista del poder.

El matrimonio Venezuela-Argentina, deviene en el eje de ese entramado y luego Lula en Brasil, aporta el know how de la elite económica brasileña, potente en las áreas del petróleo, la metalurgia y la construcción.

Es de ese entente que nace o se desarrolla la V INTERNACIONAL, la de ODEBRECHT, brazo financiero de la corrupción en el continente, que entendió a la perfección que no era la historia la que había terminado, como lo había proclamado Fukuyama, sino lo que habían muerto eran las ideologías clásicas, para dar paso a una nueva: la del dinero que gusta por igual a la derecha y a la izquierda, a los ricos y a los pobres y que es capaz de conquistar lo que no hicieron millares de guerrilleros en las selvas desde el Rio Grande hasta la Patagonia, llegar el poder y mantenerlo, como ya lo dijimos.

La corrupción, como las drogas, no solo daña a los que la consumen y a quienes la practican. En realidad descompone todo el tejido social y hace metástasis en todos sus órganos.

Hoy, cuando en Venezuela se debaten las diferentes vías para la superación de la gran tragedia nacional que vivimos, tenemos que dar crédito, con dolor, a la versión de que para resolver el tema del poder en el país, hay que tener en cuenta la variable de la corrupción.

Las fidelidades militares y civiles al régimen no tienen, efectivamente, nada que ver con los principios, las ideologías, o las posiciones políticas. En realidad, las dimensiones del daño del dinero mal habido, de la malversación y de la sustracción de caudales, es tan grande que pareciera que el quiebre de las instituciones va a depender de las ofertas que se hagan para que se produzcan los cambios.

Un trabajo especial sobre este tema valdría la pena concretarlo. Lo dejamos en el tintero para madurar. Por ahora, esta nota, pretende poner de relieve cómo la nueva Internacional de la Corrupción ha sido determinante en el curso histórico de la situación actual de nuestro continente, y confirmar cuánto habrá que tomarla en cuenta para salir de la tragedia.

@juliocasagar


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