Julio Castillo Sagarzazu: Citgo y la Venezuela que viene

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Julio Castillo Sagarzazu

Apenas el 28 de enero de este año, estando aún húmeda la tinta con la que el presidente Guaidó firmó sus primeras decisiones, el Procurador designado por la Asamblea nacional, el Dr. José Ignacio Hernández, concurría a Washington a tratar con acreedores y funcionarios de ese país la inminente quiebra de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de combustible de los Estados Unidos y que es propiedad de Venezuela.

Por varios años, esta empresa fue una suerte de caja chica y nido de corrupción en la administraciones de Chávez y Maduro. Una empresa con un flujo de caja extraordinario y del que echaban mano y entraban a saco los burócratas venezolanos, a cada instante.

Tanto la ordenaron que cuando no pudieron más, trataron de venderla cuando llego el momento de “raspar la olla”. Las incertidumbres creadas sobre la legitimidad de su manejo no permitieron que cristalizara, a Dios gracias, ninguna de las tentativas de entregarla a precio de gallina flaca.

No obstante, los rusos que se han convertido en auxiliares y cómplices de todos los manejos impropios de PDVSA, lograron ponerse virtualmente en su control, cuando les fueron entregadas las acciones como garantía de préstamos también irregulares, por no tener el aval legislativo nacional.

La pronta reacción de las autoridades norteamericanas evitó que la garantía fuese ejecutada y que los rusos se adueñaran de un activo de gran importancia estratégica en territorio norteamericano

A pocos días de tomar posesión, como dijimos al inicio de esta nota, el presidente Guaidó comienza a desarrollar iniciativas para preservar nuestros intereses en CITGO. Se pensaba que era demasiado tarde y que solo quedaba “salvarle un ojo al gallo”, por esa razón, la Procuraduría comienza a diseñar un plan de control de danos para minimizar los efectos de la eventual quiebra de una empresa fulgurante que fue dejada al garete para regalársela a los rusos.

La toma de control de CITGO fue un paso clave, se designa una nueva directiva y, en tiempo récord se inicia un proceso de recuperación de la empresa. Las cortes norteamericanas desconocen a los directivos de la usurpación y permiten la actuacion de los nuevos directivos. La recuperación, comienza casi de inmediato.

Se toman medidas de reorganización y se da un reimpulso a la gestión de negocios que ha sido tan exitoso que en pocos meses se ha producido lo que pudiéramos llamar un milagro. CITGO se despierta el día jueves 25 de julio, recibiendo la confianza de los mercados que espectacularmente no solo reciben de buen grado la emisión de bonos para refinanciar su deuda de 1.850 millones de dólares, sino que recibe ofertas por más de 5.000 millones, o sea, 270% más de lo esperado.
Todo este milagro ocurre a pesar de las calificaciones de riesgo negativas que aún persisten técnicamente en relación con CITGO.

La toma de control de CITGO fue un paso clave

¿Y qué significa este “rush” del mercado? Pues ni más ni menos que el cumplimiento de un viejo axioma. La economía funciona con base a la confianza.

Pues ni más ni menos que el cumplimiento de un viejo axioma. La economía funciona con base a la confianza.

Esta confianza que hoy muestran los mercados es la que habrá en el planeta entero cuando en Venezuela sea desalojado el régimen que la ha quebrado. Si algo no podrán quitarle nunca al país es su posición geográfica, sus riquezas naturales, su maravillosa geografía y sobre todo las legiones de venezolanos bien formados y preparados que hoy triunfan en distintos horizontes en el mundo entero.

Esa es la Venezuela que viene. La que volverá a ser la más prospera nación de la América Latina y la que dio lecciones de democracia por muchos años, la que acogió inmigrantes que vinieron a trabajar con nosotros y de donde nadie se iba, porque todo eran expectativas de mejor futuro.

CITGO es la punta del iceberg de ese nuevo país, que todos estamos esperando. Si continuamos manejándola con transparencia, con profesionalidad y amor al país, retomaremos la senda que, en un desvarío, perdimos hace algunos años.

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