Carlos Genatios: La tragedia en La Guaira pudo ser menos grave con ordenamiento territorial e institucionalidad

Durante una entrevista con la periodista Ibéyise Pacheco en su canal de YouTube, el ingeniero y exministro Carlos Genatios afirmó que la magnitud de la tragedia ocurrida en La Guaira no responde únicamente a los terremotos, sino también a décadas de ocupación inadecuada del territorio, fallas en la planificación urbana y el debilitamiento de la institucionalidad encargada de gestionar los riesgos.

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El ingeniero y exministro Carlos Genatios aseguró que la devastación causada por los terremotos que afectaron a La Guaira (antiguo estado Vargas) es el resultado de la combinación de un fenómeno natural excepcional con problemas acumulados durante años en materia de ordenamiento territorial, construcción e institucionalidad. Así lo expresó durante una entrevista concedida a la periodista Ibéyise Pacheco en su canal de YouTube.

Al inicio de la conversación, Genatios aclaró que cuando se habla de Vargas y La Guaira se hace referencia al mismo territorio. También manifestó su solidaridad con las víctimas y señaló que aún es imposible conocer la dimensión total de la tragedia debido a que continúan las labores para determinar el número de fallecidos, heridos y desaparecidos.

El especialista explicó que todo desastre natural está determinado por tres factores: la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad. Precisó que la amenaza corresponde al fenómeno natural en sí, que en 1999 fueron lluvias torrenciales que provocaron deslaves, mientras que en esta oportunidad fueron dos terremotos y sus réplicas. Sin embargo, afirmó que la exposición del territorio y la vulnerabilidad de las construcciones son elementos que sí podían gestionarse para reducir los daños.

Genatios recordó que gran parte del territorio costero de La Guaira está conformado por conos aluvionales, es decir, superficies creadas por la acumulación de sedimentos arrastrados desde las montañas durante eventos ocurridos a lo largo de la historia geológica de la región. A su juicio, construir sobre esos terrenos implica mantener una alta exposición frente a futuros desastres naturales.

Explicó que, tras el deslave de 1999, la Autoridad Única para la Reconstrucción desarrolló un plan de ordenamiento territorial que establecía dónde podía edificarse, cuáles áreas debían preservarse y qué tipo de infraestructura era adecuada para cada zona. Paralelamente, se diseñaron obras de mitigación en las cuencas para disminuir el impacto de futuras lluvias torrenciales mediante represas de control y otras estructuras hidráulicas.

Según relató, esos planes fueron elaborados con el apoyo técnico de universidades venezolanas como la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Metropolitana y la Universidad Católica Andrés Bello. Sin embargo, sostuvo que posteriormente parte de esos criterios fueron modificados durante la ejecución de obras por parte de Corpo Vargas, donde, según dijo, se emplearon soluciones que consideró técnicamente inadecuadas para controlar grandes flujos de sedimentos.

Al referirse a los terremotos recientes, Genatios explicó que se originaron por el movimiento de la falla de San Sebastián, ubicada al norte de Venezuela. Indicó que las ondas sísmicas de largo período recorrieron grandes distancias hasta impactar especialmente los suelos blandos de La Guaira y de algunas zonas de Caracas.

De acuerdo con su explicación, esos suelos funcionan como una especie de amplificador del movimiento sísmico. Cuando la frecuencia de vibración del terreno coincide con la frecuencia natural de un edificio se produce el fenómeno de resonancia, que incrementa las deformaciones estructurales hasta provocar daños severos o incluso el colapso de la edificación.

En ese contexto, afirmó que muchas de las construcciones levantadas sobre terrenos ganados al mar después del deslave de 1999 no debieron edificarse debido a la fragilidad del suelo. También señaló que varias edificaciones construidas dentro de la Misión Vivienda aparentemente no habrían cumplido plenamente con las normas sismorresistentes venezolanas, aunque aclaró que ese aspecto deberá ser determinado mediante investigaciones técnicas.

El ingeniero subrayó que la seguridad estructural depende tanto de la calidad de los materiales como del diseño de las edificaciones. Explicó que construir en un país con elevada actividad sísmica exige estructuras reforzadas y el estricto cumplimiento de las normas de ingeniería desarrolladas específicamente para ese tipo de amenazas.

Consultado sobre si la tragedia pudo haberse evitado, respondió que nadie podía prever la ocurrencia de dos terremotos de esa magnitud, pero sí era posible disminuir significativamente sus consecuencias mediante el respeto al ordenamiento territorial y el cumplimiento de las normas de construcción. A su juicio, esas medidas habrían reducido tanto la exposición como la vulnerabilidad.

También advirtió que el hecho de que un edificio permanezca en pie después de un terremoto no significa que esté libre de daños. Comparó esa situación con un boxeador que resiste un primer asalto, pero acumula golpes que pueden comprometer su desempeño en el siguiente. Por ello insistió en la necesidad de evaluar técnicamente las edificaciones que permanecen en pie antes de considerarlas seguras.

Durante la entrevista explicó además que los dos terremotos recientes liberaron una cantidad de energía muy superior a la del terremoto de Caracas de 1967. Señaló que las magnitudes actuales, de 7,2 y 7,5, representan una liberación de energía exponencialmente mayor que la registrada en el sismo de 1967, cuya magnitud se estima entre 6,4 y 6,6.

Respecto a Caracas, indicó que sectores como San Bernardino, Sebucán y Los Palos Grandes también presentan suelos aluvionales capaces de amplificar las ondas sísmicas. En contraste, explicó que muchos ranchos ubicados en zonas montañosas resistieron mejor debido a que están asentados sobre terrenos más rígidos, aunque aclaró que ello no elimina los riesgos frente a otros fenómenos naturales.

Sobre la respuesta posterior a la emergencia, Genatios consideró que Venezuela carece actualmente de la institucionalidad necesaria para enfrentar una tragedia de esta magnitud. Si bien evitó profundizar en críticas por respeto al momento que vive el país, cuestionó las dificultades iniciales para la actuación de misiones internacionales de rescate y sostuvo que la capacidad institucional para gestionar desastres se ha deteriorado con el paso de los años.

Finalmente, hizo un llamado a reconstruir las instituciones encargadas de la prevención y gestión de riesgos, recordando que tanto después del terremoto de 1967 como tras el deslave de Vargas de 1999 se impulsaron importantes avances en materia de normas sísmicas, investigación y planificación territorial, esfuerzos que, a su juicio, deben recuperarse para reducir la vulnerabilidad del país frente a futuros eventos naturales.

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