El exclusivo proyecto inmobiliario Mareterra, en Mónaco, se ha convertido en símbolo de la tensión entre lujo extremo y control financiero. Con apartamentos que superan los 60 millones de euros y operaciones que han alcanzado cifras cercanas a los 500 millones, este desarrollo frente al mar ha atraído a multimillonarios, celebridades y grandes fortunas globales desde su lanzamiento en 2017. Con información de El País.
Sin embargo, el auge de este enclave ultraprivilegiado coincide con un giro en la política del principado. En junio de 2024, Grupo de Acción Financiera Internacional incluyó a Mónaco en su lista gris, señalando deficiencias en la supervisión contra el lavado de dinero. La decisión, que colocó al país junto a jurisdicciones de alto riesgo, generó una respuesta inmediata del gobierno y del príncipe Alberto II de Mónaco.
A partir de ese momento, las autoridades iniciaron una ofensiva regulatoria que ha impactado directamente sectores clave: inmobiliario, náutico, banca privada y representación deportiva. Entre las medidas destaca la creación de la Autorité Monégasque de Sécurité Financière, así como el endurecimiento de los controles de “conozca a su cliente” (KYC), obligando a verificar con mayor rigor el origen de los fondos de potenciales compradores.
El efecto ha sido inmediato. En el último año, al menos seis empresas han sido sancionadas por fallas en sus procesos de debida diligencia, incluyendo agencias inmobiliarias vinculadas a transacciones dentro de Mareterra. El nuevo enfoque busca cerrar espacios al capital de origen dudoso, históricamente asociado al atractivo fiscal del principado.
Investigaciones basadas en documentos revisados por Bloomberg Businessweek y filtraciones de Distributed Denial of Secrets revelan la magnitud del mercado. Entre los interesados en adquirir propiedades figuran nombres como el magnate británico Jim Ratcliffe, el piloto de Fórmula 1 Max Verstappen y el empresario ucraniano Rinat Akhmetov, quien habría adquirido un inmueble por unos 471 millones de euros.
También aparecen perfiles más complejos. Registros apuntan a compradores con vínculos a Rusia que canalizaron operaciones por más de 1.000 millones de euros mediante estructuras corporativas. Algunos casos levantaron alertas en entidades bancarias, especialmente tras el endurecimiento del escrutinio internacional y las sanciones derivadas del conflicto en Ucrania.
El desarrollador del proyecto, L’Anse du Portier, ha defendido que todas las ventas cumplieron con estándares de cumplimiento, incluyendo revisiones sobre el origen de la riqueza y la residencia efectiva de los compradores. No obstante, la presión regulatoria ha elevado las exigencias a niveles que comienzan a afectar la dinámica del mercado.
El modelo de Mónaco, basado en baja tributación y atracción de grandes fortunas, enfrenta ahora un equilibrio delicado. Mientras busca salir de la lista gris del GAFI, el principado ha endurecido el acceso a su sistema financiero y a la residencia, exigiendo pruebas exhaustivas de patrimonio y actividad económica.
Este giro ya tiene consecuencias. Firmas como Knight Frank señalan que, aunque Mónaco sigue siendo el mercado inmobiliario más caro del mundo, ha perdido atractivo frente a destinos como Dubái. Incluso rankings recientes de movilidad de riqueza han dejado fuera al principado como uno de los destinos preferidos por millonarios.
El mensaje de las autoridades es claro: priorizar la reputación financiera sobre el volumen de inversión. Como advirtió el exministro de Finanzas Pierre-André Chiappori, el costo reputacional de aceptar capitales de origen dudoso supera cualquier beneficio económico.
En un país más pequeño que Central Park pero con una de las mayores concentraciones de riqueza del planeta, la nueva estrategia redefine las reglas del juego. El lujo extremo sigue presente, pero ahora bajo un escrutinio mucho más estricto.












