Julio Castillo Sagarzazu: La leal oposición a su majestad

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Julio Castillo Sagarzazu

Las leyes inglesas asumen que el partido perdedor en las elecciones debe cumplir con el principio de hacer una “leal oposición a su majestad”.

Los dirigentes de tal partido no solo deben inclinarse ante la Reina, sino que deben comportarse como muy leales súbditos. Por esta tarea, además de su salario como miembros del Parlamento, perciben un salario extra establecido por la ley y dietas correspondientes a las de un Ministro. De manera que esta lealtad no es gratis sino que está muy bien recompensada. De hecho, casi todas las lealtades en la política lo están.

Esta semana, en la puesta en escena de La Casa Amarilla, trocada en La Casa de Papel por unas horas. Sí, la exitosa serie española en la que unos maleantes entran a por el biyuyo, se ha hecho una reproducción tercermundista de esta institución tan “British” e inveterada.

Este acto prueba que el tema de la mentada unidad de la oposición es, como dijimos en una nota anterior “un problema que no tiene solución”. Hace semanas planteamos que no es posible que pidamos unidad con personas que tienen apreciaciones tan diferentes de la actual situación política del país, como los del grupo 4F (Fernández, que parece que no fue, Fermín, Felipe y Falcón) y el resto de las fuerzas democráticas que lucha por restaurar la democracia en Venezuela.

También recordábamos que esto no es ninguna tragedia y que, en ocasiones, cuando un organismo excreta es señal de que está vivo. Este es el lado bueno del sainete de la Casa Amarilla. Hubo un acto relevante, visible, público y notorio que separo aguas y que dejo en una cuneta del camino a quienes piensan que la colaboración con el régimen es el camino que hay que seguir.

Es cierto que como no hay nada que se parezca más a la verdad que la mentira, para que el sainete funcione, hay que ponerle escenografía, público, utilería, por lo cual alguna carambola de cosas positivas pueden ocurrir para los venezolanos. Si, por ejemplo, se liberan presos políticos, si se reconoce la AN, pues bienvenidas sean esas novedades y las que vengan, pero el norte debe seguir siendo el mismo, el cese de la usurpación y la celebración de elecciones libres. Esa es la agenda de la democracia.

Afortunadamente para el país, nadie se comió el show. La Comunidad Internacional, reacciono rápidamente desconociendo la pieza de vodevil. Los Estados Unidos, los gobiernos vecinos y la propia Unión Europea, fijaron su posición nítida. Incluso los embajadores acreditados en el país, en un gesto, sin precedentes, se levantaron de la reunión y se negaron a recibir el pasquín que fue distribuido al final. Los partidos mayoritarios cerraron filas en torno a la Asamblea Nacional y su presidente. 

La Conferencia Episcopal acaba de deslindarse igualmente del remedo de diálogo, de manera que los protagonistas del entuerto, parieron un ratón. Después del acto y para cumplir con la liturgia establecida para esos casos, los abajo firmantes se fueron para el Restaurante La Huerta a despachar el no menos litúrgico 18 años con las famosas tapas del local. Las elocuentes gráficas que circularon en las redes sociales, así lo atestiguan.

Concluido el sarao, como dice la canción de Serrat, “vuelve el pobre a la pobreza, vuelve el rico a la riqueza y el señor cura a sus misas…”.

Nosotros a seguir trabajando en lo nuestro que no debiera ser otra cosa que ir de puerta en puerta y de casa en casa, llevando la buena nueva de que nuestra esperanza de cambio sigue viva y de que vale la pena seguir luchando por él.

Recordando de nuevo a todos nuestros compatriotas que nadie dijo que esto era fácil. Que estamos desplegados en todas partes para que el mundo no se olvide de Venezuela y para que la presión para desembarazarnos de esta inmensa prisión en la que estamos, no decaiga y continúe hasta que amanezca la libertad en el país.

Nosotros debemos seguir leales a esa lucha sin esguinces. Allá quienes prefieren declarase como una leal oposición a su majestad.

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