El Regreso de Alejandro Betancourt: Investigaciones por Blanqueo y Creciente Influencia en el Petróleo Venezolano

Investigado en Europa por presunto blanqueo de capitales y fraude fiscal, el empresario venezolano reaparece alrededor de los nuevos negocios energéticos del país. Sus vínculos con PDVSA, las causas abiertas sobre operaciones multimillonarias y su pasado como uno de los llamados “bolichicos” contrastan con el espacio que vuelve a ocupar entre Caracas, Washington y potenciales inversionistas estadounidenses.

0
22
Archivo

Alejandro Betancourt, empresario venezolano investigado en Europa por blanqueo de capitales y fraude fiscal, ha vuelto a ocupar un espacio relevante alrededor de la principal industria de Venezuela. Después de permanecer durante meses con restricciones que limitaban sus desplazamientos desde el Reino Unido, Betancourt ha retomado sus viajes internacionales y aparece ahora vinculado a los esfuerzos para incorporar inversionistas estadounidenses al negocio petrolero venezolano.

Su regreso ocurre mientras permanecen bajo examen judicial operaciones relacionadas con el origen y movimiento de parte de su fortuna. La Audiencia Nacional de España reabrió en junio una investigación por presunto blanqueo de capitales y delito fiscal vinculada a un esquema que habría permitido defraudar 4.850 millones de dólares mediante operaciones de cambio de divisas relacionadas con PDVSA. La causa también investiga el supuesto pago de 42 millones de dólares en sobornos a tres funcionarios de la petrolera estatal. Betancourt ha negado irregularidades.

La investigación española deriva de actuaciones desarrolladas anteriormente en Suiza, donde también ha sido investigado por presunto blanqueo de capitales. El procedimiento llegó a generar una solicitud de extradición desde el Reino Unido y la retención de sus pasaportes italiano y venezolano. Las restricciones fueron levantadas en mayo de 2026 por las autoridades del cantón de Zúrich.

Alejandro Betancourt está de nuevo en Caracas haciendo negocios con el aval de Donald Trump

Solo semanas después, Betancourt volvió a Venezuela. El 27 de junio un avión privado procedente de Palm Beach aterrizó en Caracas con el empresario, su esposa, Andreina, y otro pasajero a bordo. Los desplazamientos posteriores estuvieron rodeados de interrogantes. En julio, documentos correspondientes a un mismo vuelo desde Florida hacia Maiquetía mostraron listas de pasajeros diferentes: en una aparecían Betancourt, familiares y empresarios, mientras que en otra sus nombres habían desaparecido.

Otro registro documentó su salida de Venezuela el 30 de julio rumbo a un aeropuerto privado de Miami. Entre quienes lo acompañaban figuraban Sean Pi y Henry Heeney, cofundadores de Heeney Capital, firma dedicada a inversiones en minería y recursos naturales que había alcanzado acuerdos vinculados con proyectos mineros y de oro en Venezuela. Los movimientos coinciden con el renovado interés de inversionistas privados por sectores estratégicos venezolanos.

En paralelo, Betancourt aparece involucrado en los esfuerzos para identificar activos petroleros, evaluar obstáculos operativos y conectar a potenciales inversionistas estadounidenses con oportunidades en Venezuela. Washington busca incentivar hasta 100.000 millones de dólares en inversiones para recuperar la industria energética, aunque las negociaciones con PDVSA, las sanciones y la cautela de grandes compañías continúan dificultando la concreción de operaciones de gran escala.

La renuencia de compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips ha abierto espacio para operadores independientes y fondos privados dispuestos a asumir mayores riesgos. Entre las empresas relacionadas con acuerdos preliminares aparecen Lionheart Capital y Pacific Coast Energy Co. (PCEC). Esta última ha alcanzado acuerdos para operar campos en el lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco.

En este proceso existe un elemento que plantea interrogantes sobre transparencia y competencia: parte de los nuevos negocios se desarrolla sin procesos competitivos de licitación y con limitada información pública sobre los criterios utilizados para seleccionar operadores e inversionistas. En ese escenario, empresarios con acceso directo a funcionarios y conocimiento previo de PDVSA pueden adquirir una capacidad considerable para intervenir en la identificación y canalización de oportunidades.

Betancourt cuenta precisamente con una larga historia de negocios con el Estado venezolano. Fue cofundador de Derwick Associates, compañía sin experiencia previa que obtuvo al menos 11 contratos sin licitación por aproximadamente 5.000 millones de dólares para construir plantas termoeléctricas durante la emergencia eléctrica decretada por Hugo Chávez. Transparencia Venezuela calculó en alrededor de 2.900 millones de dólares los sobreprecios asociados a esos contratos.

Las mil millonarias operaciones cambiarias opacas de Pdvsa con Alejandro Betancourt y Raúl Gorrín

Fue entonces cuando Betancourt quedó identificado como uno de los llamados “bolichicos”, término utilizado para describir a jóvenes empresarios que acumularon grandes fortunas mediante contratos públicos durante los gobiernos de Hugo Chávez. Derwick y sus operaciones fueron posteriormente objeto de investigaciones en Venezuela, Estados Unidos y España por sospechas relacionadas con corrupción y lavado de dinero. Betancourt y la empresa rechazaron esas acusaciones.

Su presencia actual en el petróleo venezolano se articula principalmente alrededor de North American Blue Energy Partners (NABEP). La compañía produce alrededor de 200.000 barriles diarios en campos cercanos al lago de Maracaibo y en la Faja del Orinoco, según las fuentes citadas en las investigaciones periodísticas. Una parte cercana a Betancourt acordó además adquirir por unos 300 millones de dólares la participación minoritaria de Harry Sargeant III, después de que el empresario estadounidense enfrentara presión del Departamento del Tesoro para retirarse de esa inversión.

Betancourt y Sargeant también habrían participado previamente en el desarrollo de una modalidad contractual más flexible para realizar operaciones con PDVSA, estructura que posteriormente habría servido de referencia para acuerdos ofrecidos a nuevos inversionistas. PCEC mantiene, además, un convenio con NABEP para obtener suministros locales destinados a sus operaciones venezolanas.

El acceso del empresario tampoco se limita al ámbito corporativo. Betancourt mantiene contactos con la presidenta interina Delcy Rodríguez y con Félix Plasencia, asesor de política exterior, y habría recibido a integrantes de una delegación del Congreso estadounidense. Mauricio Claver-Carone reconoció previamente que él y otros funcionarios estadounidenses utilizaron a Betancourt como intermediario por su conocimiento de la industria petrolera y sus conexiones entre Venezuela y Estados Unidos.

EE. UU. reorganiza su estrategia hacia Venezuela tras la salida de Mauricio Claver-Carone de su rol clave

La situación plantea una contradicción que trasciende la trayectoria individual del empresario. Mientras Venezuela busca capital extranjero y Estados Unidos intenta incorporar compañías privadas a la recuperación de la industria, uno de los actores que participa en ese proceso está vinculado a investigaciones sobre presunto blanqueo y operaciones multimillonarias relacionadas con la propia PDVSA.

Betancourt no ha sido condenado por los hechos investigados y ha rechazado las acusaciones de irregularidades. Sin embargo, su regreso a los negocios petroleros, el acceso que mantiene a funcionarios de alto nivel y su participación en un proceso caracterizado por escasa información pública vuelven a poner sobre la mesa las exigencias de debida diligencia, transparencia y rendición de cuentas sobre quiénes están interviniendo en la reorganización de la industria petrolera venezolana.

Dejar una respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduzca su nombre aquí