Trump y la monetización del poder: al menos 1.400 millones de dólares desde su regreso a la presidencia

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Foto Cortesía - Oliver Contreras (EFE)

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no solo ha marcado un giro político interno, sino que ha reabierto un debate de fondo sobre los límites éticos del poder. Una revisión editorial basada en investigaciones de múltiples medios y análisis financieros indica que el mandatario se ha beneficiado personalmente con al menos 1.400 millones de dólares desde que inició su segundo mandato, una cifra considerada mínima debido a la opacidad de varios de los negocios involucrados. Con información del New York Times.

Buena parte de estos ingresos provienen de actividades privadas que, directa o indirectamente, requieren la cooperación de gobiernos extranjeros o de grandes corporaciones sujetas a regulación federal. Desde su reelección, la Organización Trump ha impulsado más de 20 proyectos inmobiliarios en el extranjero, incluyendo un hotel en Omán, una torre de oficinas en la India occidental y un campo de golf en las afueras de Riad, Arabia Saudita. Estos acuerdos han generado al menos 23 millones de dólares por licencias del uso del nombre Trump, según reportes de Reuters.

En paralelo, varias decisiones de la administración estadounidense han coincidido temporalmente con intereses comerciales de la familia presidencial. Un caso citado es Vietnam, donde Washington redujo aranceles previamente amenazados poco después de la inauguración de un complejo de golf de 1.500 millones de dólares vinculado a la marca Trump, proyecto que avanzó pese a obstáculos legales internos en ese país.

El flujo de dinero también ha venido desde el sector tecnológico y mediático. Empresas como X, ABC News, Meta, YouTube y Paramount han pagado 90.5 millones de dólares en acuerdos extrajudiciales al presidente desde su reelección. Paramount, por ejemplo, desembolsó 16 millones de dólares tras alegar una edición engañosa de una entrevista con Kamala Harris, una práctica habitual en el ejercicio periodístico. Semanas después, la Comisión Federal de Comunicaciones aprobó una fusión de 8.000 millones de dólares que involucró a la compañía.

Otro episodio que ha generado cuestionamientos es el regalo de un avión valuado en 400 millones de dólares por parte de Qatar, que Trump ha utilizado como aeronave presidencial y que planea transferir a su biblioteca tras dejar el cargo. El propio mandatario reconoció públicamente que el obsequio influiría en la relación bilateral, asegurando que Estados Unidos “protegería” al país donante.

Sin embargo, el mayor generador de ingresos para la familia Trump ha sido el ecosistema cripto. Según estimaciones citadas por Reuters, los Trump han obtenido al menos 867 millones de dólares a través de distintos proyectos de criptomonedas. Estas operaciones permiten a actores nacionales y extranjeros transferir fondos de forma indirecta a la familia presidencial, muchas veces mediante acuerdos confidenciales. Uno de los casos conocidos involucra a una firma respaldada por Emiratos Árabes Unidos que anunció una inversión de 2.000 millones de dólares en una empresa vinculada a Trump, semanas antes de que la administración estadounidense autorizara el acceso del país a chips avanzados.

En términos comparativos, los beneficios económicos derivados del retorno de Trump al poder equivalen a 16.822 veces el ingreso medio de un hogar estadounidense, una proporción sin precedentes en la historia política del país.

El contraste histórico es marcado. Cuando Harry Truman dejó la presidencia en 1953, regresó a Missouri en tren y vivió de su pensión militar, rechazando ofertas que, a su juicio, comercializaban el servicio público. Trump, en cambio, ha defendido abiertamente la acumulación de riqueza durante y después de su mandato.

Más allá de las cifras, el impacto institucional es el punto central del debate. Como advertía Aristóteles, cuando el objetivo del gobierno deja de ser el bien público y se orienta a la ganancia privada, la república se vacía de contenido. En ese escenario, la corrupción no solo erosiona al Estado, sino que debilita la confianza ciudadana y la legitimidad democrática.

El problema, señalan los analistas, no es únicamente cuánto dinero ha ganado Trump, sino la imposibilidad de determinar hasta qué punto las decisiones oficiales responden al interés público o a la expansión de su fortuna personal. Ese vacío de certezas es, en sí mismo, uno de los costos más altos para la democracia estadounidense.

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