America First: Estados Unidos fija sus prioridades y Venezuela queda en segundo plano

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La política de Estados Unidos hacia Venezuela ha sido redefinida bajo un principio explícito: “America First”. Así lo dejó claro el secretario de Estado, Marco Rubio, al explicar que cada decisión adoptada por la administración estadounidense responde primero a la seguridad, prosperidad y bienestar del pueblo estadounidense, y solo de manera secundaria al impacto que pueda tener sobre Venezuela.

Desde esta perspectiva, Washington insiste en que no está en guerra con Venezuela, sino ejecutando acciones de aplicación de la ley y defensa de su interés nacional, enfocadas en narcotráfico, sanciones petroleras y contención de adversarios estratégicos en el hemisferio occidental.

Seguridad nacional primero, política regional después

Rubio fue categórico: Estados Unidos no permitirá que, en su propio hemisferio, exista un país que funcione como plataforma de operaciones para organizaciones criminales y potencias rivales. El narcotráfico, la cooperación de fuerzas de seguridad venezolanas con redes criminales y la presencia de actores como Irán, Rusia, China, Hezbolá y la inteligencia cubana son considerados amenazas directas a Estados Unidos.

La participación estadounidense en Venezuela, según esta visión, no nace de un interés ideológico ni humanitario prioritario, sino de cómo lo que ocurre en Venezuela afecta directamente a EE. UU.. La estabilidad regional es relevante en la medida en que protege al territorio, a la economía y a la población estadounidense.

Maduro: aplicación de la ley, no diplomacia

La captura de Nicolás Maduro es presentada como el ejemplo más claro de esta doctrina. Washington sostiene que:

  • Se trató de una operación puntual de cumplimiento de la ley, no de una invasión.
  • Duró aproximadamente dos horas.
  • No dejó bajas estadounidenses ni pérdidas materiales.
  • Se basó en una acusación formal y una recompensa del Departamento de Justicia.

Para la administración, permitir que un dirigente acusado de narcotráfico permaneciera en el poder habría significado tolerar una amenaza directa a Estados Unidos, algo incompatible con el enfoque “America First”.

Sanciones petroleras: presión al servicio del interés estadounidense

Estados Unidos confirmó que seguirá utilizando la “palanca paralizante” de las sanciones petroleras, incluyendo la incautación de embarcaciones sancionadas con respaldo judicial. El objetivo no es abastecer a EE. UU. de petróleo —que afirma no necesitar—, sino impedir que adversarios estratégicos controlen los mayores yacimientos del hemisferio.

Desde Washington, el petróleo venezolano es un asunto de seguridad estratégica, no de cooperación económica. Solo en segundo término se plantea que esos recursos puedan beneficiar a la población venezolana.

Migración y estabilidad: impacto directo en EE. UU.

La administración estadounidense vincula el colapso del modelo venezolano con la migración de más de 8 millones de personas, fenómeno que describe como profundamente desestabilizador para la región y una carga indirecta para Estados Unidos.

Evitar nuevos flujos migratorios masivos no se presenta como un gesto solidario, sino como una medida preventiva para proteger la estabilidad interna y regional que incide directamente en los intereses estadounidenses.

Democracia y elecciones: no es lo urgente

Aunque Washington declara apoyar una transición democrática en Venezuela, deja claro que las elecciones no son la prioridad inmediata. Antes, deben resolverse los problemas que afectan directamente a Estados Unidos: narcotráfico, presencia de adversarios extranjeros y uso del petróleo como herramienta geopolítica contra EE. UU.

La democracia venezolana aparece, así, como un objetivo posterior y condicionado, no como el motor principal de la política actual.

Cuba: el siguiente foco de preocupación

Dentro del mismo enfoque, el gobierno cubano es señalado como un actor clave que permitió y sostuvo las amenazas provenientes de Venezuela. Rubio afirmó que el aparato de seguridad e inteligencia que protegía a Maduro estaba controlado por cubanos, describiendo esa relación como una forma de colonización interna.

Sin anunciar acciones concretas, Estados Unidos dejó claro que Cuba representa un problema estratégico y que su papel en la región no pasa desapercibido.

La política estadounidense hacia Venezuela se resume en una premisa clara: Estados Unidos primero, Venezuela después. Cada sanción, operación y exigencia responde a la defensa del interés nacional estadounidense. La estabilidad venezolana, la democracia y el bienestar de su población son consideradas relevantes solo en la medida en que no contradigan ni compitan con las prioridades de seguridad y prosperidad de EE. UU.

Bajo la doctrina America First, Washington deja en claro que no asumirá costos por problemas ajenos y que actuará de forma directa cuando perciba amenazas en su propio hemisferio.

Aquí la entrevista realizada al Secretario de Estado Marco Rubio el domingo 4 de diciembre:

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