La captura en México de Ryan Wedding, exsnowboarder olímpico canadiense de 44 años acusado por Estados Unidos de dirigir una amplia red de tráfico de cocaína vinculada al Cártel de Sinaloa, ha abierto una controversia diplomática y política sobre el papel real del FBI en territorio mexicano.
De acuerdo con un reportaje del Wall Street Journal, Wedding no se entregó voluntariamente, como han afirmado el gobierno mexicano y el embajador estadounidense Ronald Johnson, sino que fue detenido durante una operación encubierta en la que participaron agentes de élite del Buró Federal de Investigaciones.
Según funcionarios mexicanos y estadounidenses citados por el diario, fuerzas de seguridad mexicanas habían logrado cercar al fugitivo cuando agentes del Equipo de Rescate de Rehenes del FBI intervinieron en la fase final de la captura. La negociación habría incluido advertencias sobre la detención de sus cómplices y la confiscación de millones de dólares en bienes.
El reporte sostiene que la participación del FBI debía mantenerse en secreto, pero fue confirmada posteriormente por el propio director de la agencia, quien atribuyó el arresto a una operación conjunta con colaboración de autoridades mexicanas.
La versión oficial de México, respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum, insiste en que Wedding se entregó por voluntad propia y rechaza que fuerzas estadounidenses hayan ejecutado una redada en suelo nacional, un tema especialmente sensible por las restricciones legales sobre operaciones extranjeras en el país.
Wedding fue trasladado posteriormente a California, donde se declaró inocente ante un tribunal federal de 17 cargos graves, entre ellos tráfico de cocaína y asesinato, según su abogado defensor.
El caso se produce en un momento de alta tensión entre Washington y Ciudad de México, marcado por la presión del presidente Donald Trump para intensificar la ofensiva contra los cárteles mexicanos e incluso considerar acciones terrestres, lo que ha encendido alarmas sobre soberanía y cooperación bilateral.
El FBI, según el Journal, busca ampliar su presencia operativa en México y desplegar nuevos objetivos, en lo que representa una señal de endurecimiento de la estrategia estadounidense contra el narcotráfico en la región.











