Carlos Tablante

 

Casi ocho millones de voces ciudadanas gritaron con fuerza a través del voto que no quieren a Maduro ni a su falsa constituyente, a la vez que enviaron un claro mensaje: la mayoría aspira a un cambio político urgente en paz, sin más violencia, sin más derramamiento de sangre.

La exitosa Consulta Popular del pasado domingo fue el mayor acto de desobediencia ciudadana que se haya conocido en la historia. Como bien dice Fernando Mires, desde el Solidarnosc de Walesa y el NO chileno, no había habido un acto tan democrático en el mundo.

La comunidad internacional ha sido contundente al exigirle a Maduro que retire la convocatoria  de la falsa constituyente.

La fuerza mayoritaria del país debe mantenerse unida y combativa para lograr con la presión de la calle que el régimen del autócrata Maduro entre en el carril constitucional, libere a todos los presos políticos, permita el retorno de los exiliados, cese la persecución a los que piensan distinto, anule las inhabilitaciones políticas, acepte la entrada de la ayuda humanitaria de alimentos y medicinas, respete a la Asamblea Nacional y a la Fiscalía General de la República.

También es necesario que la Fuerza Armada Nacional cumpla su rol legal y no continúe al servicio de los intereses partidistas y personales de la cúpula madurista. Del mismo modo, debemos lograr un CNE y un TSJ equilibrados y al servicio de todos.

Para ello es indispensable mantener la presión ciudadana y, al mismo tiempo, abrir espacios para la negociación política hasta alcanzar un cronograma electoral que permita la realización de otra rebelión de los votos que facilite el inicio a un gobierno de amplitud y unidad nacional para lograr la reconciliación del país, para lo cual no es descartable la realización de una verdadera constituyente con respeto estricto a los artículos 333, 347, 348, 349 y 350 de la Constitución.

Ese nuevo gobierno requiere de acuerdos mínimos entre todos los actores políticos y sociales para llevar adelante una agenda que libere a Venezuela de la dictadura de la corrupción y la saque de la profunda crisis de gobernabilidad y gobernanza que padece en lo político, económico y social.

Debe ser un esfuerzo de todos y para todos, con un liderazgo que actúe con grandeza, desprendimiento y firmeza. Toda reforma económica debe incluir la atención prioritaria a los sectores más necesitados.

Hay que sustituir este modelo fracasado que convirtió al Estado de Derecho en un Estado delincuente. Reformar y re-institucionalizar el Estado supone una reorganización del aparato administrativo con más poder para la gente a través de la descentralización y una economía de producción donde el petróleo sea una palanca, al igual que el denominado arco minero, para transformar materia prima en productos terminados hechos en Venezuela, respetando siempre el medio ambiente, el equilibrio ecológico y los derechos ancestrales de nuestras comunidades indígenas.

Debemos atraer, no solo inversiones sino también tecnología, y sobre todo, recuperar el capital social representado en todo ese talento venezolano convertido hoy en diáspora, que es fundamental para tener emprendimiento, innovación y alcanzar así un desarrollo sostenible y sustentable.

Todo ello supone tener seguridad jurídica en un ambiente de confianza basado en principios fundamentales como la transparencia, la eficiencia y la solidaridad, entre otros.

La clave de la reconstrucción del país es el consenso y el diálogo. Solo así podremos atender la desbordada demanda social que hoy existe. Estamos en una situación de emergencia . Debemos atender la crisis humanitaria, las reformas urgentes del sistema de salud y educacion.

Es fundamental sanear y modernizar el sistema de justicia que incluye la fiscalía, los tribunales, los cuerpos policiales y las penitenciarías, para enfrentar el desbordamiento de la inseguridad personal.

Al mismo tiempo, hay que ejecutar las obras de infraestructura que están pendientes y revisar las expropiaciones y confiscaciones que causaron el desmantelamiento del aparato productivo.

La reestructuración de la deuda externa es fundamental. Cualquier apoyo de organismos multilaterales debe tener como prioridad al ser humano y no el pago de interese a los especuladores financieros, tenedores de los bonos del hambre.

Por todo ello hemos dicho que la salida es por la vía electoral, a través de elecciones democráticas e independientes. Es lo que hemos denominado la rebelión electoral o de los votos, que no significa aplastar al adversario, entre otras razones, porque ello no es ni posible ni deseable. Tendremos que aprender a convivir y a no repetir las desviaciones totalitarias y antidemocráticas que tanto le criticamos a quienes ahora desgobiernan.

Es el momento del ejercicio de un liderazgo responsable. Los dirigentes no pueden actuar solo en base a las encuestas, diciendo lo que la gente quiere escuchar. Muchas veces hay que nadar contra la corriente. Los líderes, como la palabra lo indica, deben liderar como lo ha hecho hasta ahora la mayoría de los jóvenes que hoy representan el nuevo liderazgo y la renovación de la política venezolana.

Mantener la Unidad es indispensable, así como acordar una hoja de ruta cuyos objetivos políticos sean realizables para lograr entre todos la Venezuela que queremos, que seremos y que merecemos.

@TablanteOficial